The PortHole: una arquitectura anamórfica

The PortHole: una arquitectura anamórfica

Proyecto: « The PortHole » - Ephemeral installation for the Lively Architecture Festival
Arquitectura: [TOMA! – team of manufacturers architects]
Antonio Nardozzi + María Dolores del Sol Ontalba
Ubicación: La Grande Motte, Francia
Área: 9 m2
Cliente: Festival des Architectures Vives
Proyecto: Junio 2015
Video: © TOMA!
Fotografía: © Tiziano Zannordo @tizianozannordo / Antonio Nardozzi + María Dolores del Sol Ontalba

The PortHole: una arquitectura anamórfica

El pabellón “The PortHole” es una arquitectura experimental, diseñada por Antonio Nardozzi y María Dolores del Sol Ontalba [TOMA!] para la décima edición del FAV celebrada en La Grande Motte, galardonada con el Premio del Jurado y el del Público.

El factor experimental de este pabellón es la forma en que se lleva a cabo la técnica de la perspectiva localizada: la entera escultura habitable se convierte en una señal plana, un ojo de buey virtual en el paseo marítimo de La Gran- de-Motte. En continua evolución, la instalación cambia sus propios rasgos con respecto a los puntos de vista desde los que se observa, creando, gracias a su naturaleza anamórfica, un círculo perfecto.

The PortHole: una arquitectura anamórfica

El patrón anamórfico ha sido diseñado creando procesos ópticos y matemáticos ad hoc que permiten que, partiendo de un cubo, se pueda recrear la geometría pura de una circunferencia - ¡El problema de la cuadratura del círculo!

The PortHole: una arquitectura anamórfica

Los contornos de los paneles que componen la instalación reinterpretan el panorama de la ciudad mediante el re- ciclaje de las formas orgánicas de los edificios del arquitecto Jean Balladur y los barcos que rodean el muelle. Sus fluctuantes formas, moldeadas y esculpidas como si hubiesen sido talladas por la erosión del viento, permiten pasear a través de la estructura, refugiarse dentro o sentarse. Un confortable elemento urbano que invita a descubrir ilusiones ópticas inesperadas al ritmo al que el espectador camina alrededor.

The PortHole: una arquitectura anamórfica

El volumen del pabellón, inscrito en un cubo de 3 metros de lado que ocupa una superficie de 9 m2, se compone de 120 tableros de MDF. Como al cortar los tableros se pierde la película protectora en los bordes, se aplica una mano de pintura para proteger las superficies debilitadas y, de paso, se usa el color fucsia como homenaje al FAV.

The PortHole: una arquitectura anamórfica

La apariencia etérea se logra mediante la creación de espacios entre los tableros y gracias a la disposición de la estructura vertical en una parrilla de ejes angulares que consiente ver el mínimo de componentes metálicos desde el punto de vista específico. Las capas van montadas una sobre otra usando 1,500 tornillos metálicos entre ellas. La es- tructura metálica soporta, une y separa los paneles de madera. Los tableros de MDF están perforados para permitir insertar la estructura vertical y los tornillos se atornillan entre sí para crear una estructura única: estable y solidaria. Los tornillos y los tableros trabajan juntos transmitiendo las cargas de uno a otro de modo que el pabellón se con- vierte en un solo objeto que transmite todo su peso ortogonalmente sobre el suelo del puerto.

Por otra parte, la conformación particular del pabellón sigue el paso del viento y no genera superficies verticales de contraste.

The PortHole: una arquitectura anamórfica

The PortHole, por tanto, ofrece una experiencia completamente dedicada al placer de contemplar el paisaje mien- tras se disfruta de la brisa de la costa y arrullado por las olas – las del pabellón. Un lugar que sugiere ralentizar, interactuar y concederse un momento de reflexión que perdurará mucho tiempo, más allá de lo efímero.

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