LIGA 09: Sonido Opaco / Eduardo Castillo (Santiago, Chile)

LIGA 09: Sonido Opaco / Eduardo Castillo (Santiago, Chile)LIGA, un espacio para la arquitectura en el DF, tiene el placer de invitar a sus colegas y amigos a la inauguración de la exposición LIGA 09: Sonido Opaco / Eduardo Castillo (Santiago, Chile) la cual se inaugura el próximo 09 de mayo en punto de las 19.30hrs. El Miércoles 08 de mayo en punto de las 19.30hrs se dictará una conferencia por parte de Eduardo Castillo en ARCHIVO Diseño y Arquitectura. [Más información despues del salto]

Inauguración de la exposición
9 de mayo, a las 19.30 hs
Lugar: LIGA I ESPACIO PARA ARQUITECTURA I DF
Av. Insurgentes Sur 348 (Entre Chiapas y Manzanillo)
Colonia Roma Sur, Delegación Cuauhtémoc, CP 06700
Ciudad de México
Tel +52 (55) 55 64 03 33
info@liga-df.com
www.liga-df.com

Conferencia Eduardo Castillo
Miércoles 8 de mayo, a las 19:30 hs.
Lugar: ARCHIVO Diseño y Arquitectura
General Francisco Ramírez 4, Col. Ampliación Daniel Garza, CP 11840
Ciudad de México
Entrada libre

Propongo ocupar una sala en opacidad, con una estructura de madera de 2,26 metros de alto.
Silenciosa, perfumada y apuntalada, a medio camino entre guarida y remanso para las hordas.
Porque no es una obra de arte para ser exhibida, sino más bien, un lugar ocupado con desmesura por una estructura de madera, temporalmente encajada con cuatro cuñas entre tierra y cielo que, como en uno de los cuentos de los Hermanos Grimm, me invita a demostrar la habilidad de convertir la paja en oro.
Eduardo Castillo

Cuentan que en un tiempo muy lejano el rey decidió pasear por sus dominios, que incluían una pequeña aldea en la que vivía un molinero junto con su bella hija. Al interesarse el rey por ella, el molinero mintió para darse importancia: “Además de bonita, es capaz de convertir la paja en oro hilándola con una rueca.” El rey, francamente contento con dicha cualidad de la muchacha, no lo dudó un instante y la llevó con él a palacio.

Una vez en el castillo, el rey ordenó que condujesen a la hija del molinero a una habitación repleta de paja, donde había también una rueca: “Tienes hasta el alba para demostrarme que tu padre decía la verdad y convertir esta paja en oro. De lo contrario, serás desterrada.” La pobre niña lloró desconsolada, pero he aquí que apareció un estrafalario enano que le ofreció hilar la paja en oro a cambio de su collar. La hija del molinero le entregó la joya y... zis-zas, zis-zas, el enano hilaba la paja que se iba convirtiendo en oro en las canillas, hasta que no quedó ni una brizna de paja y la habitación refulgía por el oro.

Cuando el rey vio la proeza, guiado por la avaricia, espetó: “Veremos si puedes hacer lo mismo en esta habitación.” Y le señaló una estancia más grande y más repleta de oro que la del día anterior.
Fragmento de Rumpelstiltskin, de los Hermanos Grimm

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BAMBALINA
Popularmente, la expresión que ha definido lo que se conoce en Chile como buena arquitectura, remite a la idea de una construcción pesada. “Sólida”, al decir de cualquier vecino o, mejor aún: “de material”.

Resabio de las precarias economías agrarias sobre las que se cimentó la nación en el s. XIX –esas que reservaron varas y maderos para pesebreras, gallineros y ranchos– y de seguro vinculado a la amenaza de recurrentes terremotos, el arraigado aprecio a la solidez produjo un consistente desarrollo de modelos constructivos, cuyo peso comunicaba a la vez la idea de permanencia y resistencia. Con el tiempo, las dificultosas fachadas de piedra y muros de adobe dieron paso naturalmente al ladrillo y al hormigón armado.

Así como las fachadas pétreas de las modestas casonas de la colonia chilena eran apenas máscaras que ocultaban tras de sí un sistema de muros de barro –imposible costear un cuerpo completo de piedra–, los muros y losas de concreto que hoy relucen en Internet, a su manera, también enmascaran la realidad temporal de palos, alambres y tablones que los apuntalaron. La pesada existencia de los hormigones es posible gracias a las tupidas estructuras de sus encofrados, esos que, durante la modernidad, fueron casi siempre construidos a partir de filigranas de madera.

Los encofrados para hormigón, que en Chile llamamos “moldajes” –en rigor, construcciones para moldear algo que aún no tiene forma–, comparten la precisión y economía de las estructuras reticuladas industriales. Como ellas, también están sometidas a grandes esfuerzos que su aparente fragilidad logra salvar. Contrariamente a ellas, su existencia es, por definición, breve y está determinada por la tensión entre una piedra en fragüe y los maderos que la sostienen, solo hasta que termine su ejecución.

El moldaje tiene la cualidad de un rayado, un dibujo a la rápida. Mientras se va construyendo, se piensa ya en su retiro y en cómo se va a desmontar, pieza por pieza. Apenas son la trastienda de otra solidez, de otra materialidad. No es purista, es apropiado: resiste los embates de la ejecución en obra y sus parches, cuñas, puntales e imperfecciones. Tampoco es necesariamente sistemático, como el andamio, ni aspira a ser profesional. El moldaje está en el campo de los oficios, y entiende cómo acomodarse a las circunstancias y a cada caso.

Ese mundo concreto de trastiendas y bambalinas constructivas pareciera alimentar la obra de Eduardo Castillo, levantada casi siempre con los mismos recursos que los moldajes de un maestro. Cercana a las maneras de corrales, galpones y gallineros pobres del sur de América y a las estructuras de un puente o un silo –exacta y ajustada–, se levanta tan ligera como preparada para resistir el peso de la vida y de las correcciones que llegan con los años. Un peso, quizás, más demandante que ese de las piedras que construirían la deseada “arquitectura de material” añoradaen las esquinas de Chile.
Patricio Mardones Hiche
Arquitecto.

LIGA 09: Sonido Opaco / Eduardo Castillo (Santiago, Chile)



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