La Ciudad como Espacio Textual:
(urbanismo / postmodernidad & metáfora)

Autor: Victor Gonzalez Frias
trauko@entelchile.net

No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios
llegará tu vejez; pues la ciudad siempre es la misma.
Otra no busques - no la hay -
(Konstantinos Kavafis, La ciudad).

I Obertura: un accidente en el paisaje

La forma y la organización de la ciudad es un resumen y, a la vez, es la expresión más global de un determinado período histórico, de una geografía específica y de una civilización consolidada. En su evolución las ciudades han estado determinadas por contextos que difieren. Los elementos que contribuyen a su organización, el territorio, la sociedad que lo habita y las actividades necesarias para una cultura urbana, configuran este sistema cambiante. Las nuevas condiciones tecnológicas y de organización social, y las actividades del mundo postmoderno, están sugiriendo una transformación radical de los patrones de urbanización conocidos. Siendo necesaria una lectura más variada e imaginativa de estos asentamientos humanos.

La ciudad postmoderna de este comienzo de siglo aparece enmarcada en una fase dinámica de evolución ecológica y técnica, inserta en un proceso cada vez más global de cambios, que sobresalen por los efectos negativos de la hiperindustrialización (1). La contaminación, el colapso de la redes viales, la falta de regularización del transporte y de los espacios disponibles, así como el aumento demográfico, entre otros, han dejado de manifiesto la incapacidad de la urbe y de sus propuestas tecnocráticas de mutar con la efectividad y celeridad que requieren los efectos en el paisaje y donde el habitante común es quien debe responder improvisadamente a diario, sufriendo las consecuencias de esta situación.

Los procesos de desterritorialización trasnacionales, el avance de las comunicaciones y la globalización tecnoeconómica han desdibujado el rol y la funcionalidad de los centros urbanos de carácter intermedio en el sur de Chile (2), elementos que sumados a la dirección y control económico-administrativo han configurado una plataforma que acentúa los cambios sociales e identitarios que son inducidos por la socialización y especialización en los núcleos urbanos y la expansión de la hiperurbanización del planeta y del escenario conocido.

Las actuales tecnologías de lo visible constituyen nuevas relaciones con la imagen física e icónica, y definen un nuevo régimen de discursividad y de saber. Discursividad y visibilidad se ensamblan estrechamente, se refuerzan y se sostienen mutuamente (3). El conjunto de los gestos culturales se encuentra modificado, desplazado, fragmentado y reestructurado; siendo necesario una visión más allá de la miopía de gestión tecnocrática articulada por las ciencias tradicionales, que se han mostrado incapaces e ineficientes a la hora de constatar las nuevas realidades en la escena urbana (4).

Con los fenómenos propios de la postmodernidad la ciudad no ofrece una imagen de si misma como un proyecto de construcción colectiva, la imagen del caos, de la pérdida de sentido, de la inhabitabilidad, se expresa en la ciudad; que es justamente lo contrario a su vocación humanista y social.

La ciudad ha constituido históricamente el espacio artificial que los hombres crean, no solo para vivir mejor, sino que para probar su propia imagen. Es un espacio que simboliza la libertad, porque la ciudad se opone a las relaciones señoriales de la tierra y marca una distancia respecto al medio rural circunvecino (5).

II Discusión: Las lecturas posibles

En la actualidad existe una marcada segregación espacial ya que las personas viven cerca de sus socialmente iguales y no hay lugar para el encuentro, la pobreza se aglomera y esto favorece las manifestaciones de inseguridad, segregación e insatisfacción de algunos sectores sociales. Por otra parte los elementos del consumo y la mediática han alterado sustancialmente los antiguos componentes del sistema ciudadano, baste ver la importancia cobrada por los mall, tiendas anclas (multitiendas) y artefactos publicitarios como las gigantografías que se apoderan de nuestra visual y en muchos casos se incorporan al inconsciente colectivo como referentes de espacialidad y de un sistema de vida encapsulado, más allá de nuestros identitarios patrones de desenvolvimiento cotidiano.

Hay que abrir la discusión y la lectura de la ciudad en toda su extensión y semántica simbólica , hacerla algo vivo y creativo, diseñando un espacio original y colectivo; lo que exige construir ciudadanía y no como una manifestación eficiente que perpetua las desigualdades del libre mercado, hay que concebir un escenario donde las personas quieran actuar, no se puede hacer ciudadanía a través de obras ingieneriles centralistas y autoritarias. El nicho urbano debe ser definido a partir de una concepción humanista y ecológica atendiendo a las relaciones sociales que allí ocurren y que tienen manifestaciones concretas sobre el espacio que las acoge.
Reconstruir la ciudad que no existe, más que como un hito geográfico y humano, un accidente ocurrente en el silencio del mapa, y convertirla en un espacio textual es un proceso de ajuste o renegociación con la deuda interna de su memoria (6).

La ciudad exige una nueva lectura, más allá de reflejos trasnochados de modelos planificadores olvidados en reparticiones públicas en un tiempo donde el estado articulaba políticas coherentes en la intervención del paisaje.
La arquitectura urbana como signo cultural ya sea como medio o lenguaje constituye un soporte comunicativo donde la sociedad, el poder, la interrelaciones, las emociones y la sexualidad de un pueblo se conjugan como elementos para imprimir su impronta o "codex" en la traza de la ciudad (7).

La arquitectura y el urbanismo primogénito fueron los soportes físicos y materiales que mejor expresaron al hombre en la historia de su organización social, en el proceso de ocupación y apropiación del territorio. La urbe se convierte, junto con el lenguaje, en uno de sus complejos y básicos constructos que operan como decodificadores de los signos diseminados en el mapa, operando como una realidad que construye nuevos escenarios en variados matices mezclados, aparecen otras apropiaciones como la otorgada por elementos icónicos, la señalética, los olores, las texturas, los inductores del consumo y todos aquellos elementos que modelan el espacio más allá de la retícula "Hippodámica" o el estrecho horizonte "damérico" (8). La mayoría de los habitantes se encuentra en las grandes ciudades de hoy enfrentado a una realidad: la inevitabilidad de la violencia, mucha arbitrariedad, soledad, consumismo, congestión y anonimato, pareciera ser necesario solo lo urgente e inmediato y los espacios urbanos aparecen sin contenido cultural y sin ideología.

La percepción individual y colectiva se entrecruza con la realidad concreta generando espacios funcionales que sobrepasan las disposiciones estructurales del urbanismo, donde cada habitante vive su propia ciudad delimitada por los márgenes que otorgan al espacio sus actos vitales y flujos de desplazamiento, un espacio más virtual, más atomizado, más fragmentado, menos sociable, más inhóspito, más desconocido y descolgado del todo. La ciudad anárquica, no contenida, desbordada, repulsora exige nuevas y múltiples aproximaciones. Urge generar acercamientos reales, concretos y efectivos que permitan a sus habitantes la aprehensión e internalización de una lógica que articule esta construcción artificial transformándola en un espacio más vivible y estético.

III Epílogo: la metamorfosis cotidiana

Las ciudades del sur de Chile como espacios de intermediación, no escapan a esta corriente planetaria que esta acelerando una mutación antropológica. El sujeto urbano se ve enfrentado a una serie de estímulos que requieren respuestas distintas en su relación con el hábitat donde se desenvuelve a cotidiano, lo que genera nuevas claves identitarias y sociales, tal vez un poco más virtuales.

Asistimos a una verdadera metamorfosis cognitiva y perceptiva, cuyas consecuencias políticas, sociales y culturales, aún son inciertas.

La sociedades industriales y la ciudad moderna requieren de una gestión pluralista y tecnificada más compleja. El hombre ya no habita como antes; lo puede hacer de miles nuevas maneras, leyendo en el paisaje los códigos que le permitan articular sus nuevas realidades de decisión social y de gestión del poder, donde la ciudad es su espacio territorial más próximo.

Referencias

1 Wirth, Louis. "El Urbanismo como modo de vida". Buenos Aires. 1968
2 Varela Carmen y González Víctor. "Consideraciones acerca de la estructura del sistema urbano de la X región de los Lagos. Chile". La Serena. 1994.
3 Cuadra Alvaro y Ossa Carlos. "Modernidad y Comunicación". Santiago. 2002
4 una ciudad que saltó del fogón al mall, del milcao a la hamburguesa macdonald, sin procesos intermedios y que todavía se resiste a la borrachera del embrujo del hiperconsumismo y sus inductores.
5 Sin embrago, una nueva burguesía ha vuelto a las zonas rurales, expulsados por los efectos negativos de una urbanización que ellos mismos catalizaron, esta nueva clase"feudal" formada en la ciudad y sus espacios de poder económico, tecnológico y de inteligencia, constituyen un mestizaje más híbrido que los antiguos habitantes del burgo o los señores de la tierra que basaban su poderío en el control y poderío de grandes porciones de territorio, este actual señorío más tecnologizado y consumo dependiente, establece relaciones de esparcimiento y solaz con la tierra y ve en este espacio fragmentado una nueva fuente de producción de bienes y servicios, aprovechando el actual estado de decadencia y pauperización del campesinado del sur de Chile (fuente importante de una mano de obra intermedia y de servicios básicos), y al desentendimiento casi absoluto del estado de estas realidades, acaso una de las más afectadas por la creciente externalización de la economía neoliberal, esta clase empresarial extiende sus redes de influencia y poder, generando un nuevo biotipo en la antigua distinción entre habitantes urbanos y rurales. Alomar, Gabriel. "Sociología Urbanística". Madrid. 1961
6 González, Víctor. "Apuntes". Puerto Montt. 2001
7 con la reforma estructural iniciada por CONARA en el año 1974, se observa una clara desvinculación del estado de las políticas de regulación del espacio urbano, dejando al mercado los destinos de ordenamiento de la ciudad y donde el ente estatal, sólo asume una mera labor subsidiaria. (ver Varela, C. González, V. 1994. op.cit)
8. Munizaga, Gustavo. "Las Ciudades y su Historia: Una Aproximación". Santiago.1997